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Los LOGOPEDAS somos terapeutas de la voz, habla y lenguaje


El lenguaje es una capacidad exclusivamente humana que permite a las personas organizar el pensamiento, canalizar los aprendizajes y regular las conductas. Su relevancia es sobradamente conocida y está justificada por múltiples motivos:

a) el lenguaje vehicula la comunicación humana.

b) el lenguaje contribuye al desarrollo personal y social de las personas.

c) el lenguaje constituye un potente instrumento para el aprendizaje lectoescritor.

d) el lenguaje se rige en una condición básica para la inclusión de alumnos con necesidades educativas especiales.

Estas y otras muchas razones son las que nos han llevado en ALMA Psicología a apostar por la creación de un equipo de profesionales de la logopedia en Sagunto y en el Puerto de Sagunto, de manera que prestamos una especial atención tanto a su proceso de adquisición como a sus posibles perturbaciones que puedan tener tanto los niños como las personas mayores.Y todo ello porque el lenguaje y el habla, fenómenos lingüísticos de extraordinaria complejidad, son susceptibles de alteraciones no menos complejas, heterogéneas en tipo y gravedad.

Para que un adulto o un niño se exprese adecuadamente es necesario, desde el punto de vista anatómico:

a) la integridad de los sistemas sensoriales de audición y visión, del sistema nervioso central y del aparato fonoarticulador.

b) un adecuado control de la respiración.

c) la probidad morfológica de los órganos periféricos de la fonación.

Además, desde el punto de vista contextual, se necesita que mantenga relaciones continuas en su entorno social en el que se desenvuelve. Estas condiciones, sin embargo, no aseguran la ausencia de "dificultades de lenguaje", las cuales hacen referencia a cualquier alteración que interfiera, retrase o dificulte la capacidad de comunicación por medio del lenguaje hablado.

El complejo conjunto de órganos que intervienen en la producción y la comprensión verbal puede afectarse en diferentes lugares: desde los órganos periféricos de audición y hasta los sistemas centrales, neurológicos. Las alteraciones de la comunicación pueden clasificarse siguiendo diversos criterios (Spinelli, 1983):

1. Sintomáticos: Alteración de la voz (disfonías), de la articulación (p. ej. disartrias), del lenguaje (p. ej., afasias).

2. Topográficos: Alteración de los órganos periféricos de la audición (sorderas) o del habla (disglosias, etc.), alteración del sistema nervioso central periférico.

3. Funcionales: trastornos auditivos, motores, visuales, etc.

4. Etiológicos generales: genéticos, lesiónales (vasculares, tumorales, traumáticos, tóxicos, infecciosos, degenerativos o metabólicos entre otros, ambientales, emocionales, etc.)

5. Temporales (momento de aparición): durante el desarrollo o en la edad adulta.

A continuación se realiza un sucinto repaso conceptual de los trastornos más habituales del lenguaje y la comunicación:

Disartria. Constituye el conjunto de las alteraciones del habla secundaria, es decir, alteraciones del control neuromotor de las actividades musculares necesarias para la producción del habla. Se incluyen trastornos del control motor que afectar a la respiración, la fonación, la articulación, la resonancia y la prosodia. Se debe a lesiones del sistema nervioso central y/o periférico. El defecto expresivo en las disartrias es permanente y uniforme. No existe disociación automático-voluntaria. El paciente es, en general, consciente de su defecto (Peña-Casanova, 1991).

Dislalia. Constituye un trastorno en la producción fonológica, generalmente por dificultad en el aprendizaje de los rasgos distintivos de los fonera. Aparecen casos en los que los errores no acontecen sistemáticamente, sino dependiendo del contexto de la serie fonémica que constituye la palabra, en los cuales es muy importante realizar tanto un estudio perceptivo como práxico. Las dislalias pueden aparecer aisladas o formar parte de la clínica de los retardos evolutivos del habla.

Disglosia. La disglosia constituye un trastorno de la expresión del habla debida a alteraciones anatómicas de los órganos orofonatorios faringobucales (velopalatinos, labiales, linguales, laríngeos o maxilodentales). Las disglosias pueden ser congénitas (p. ej., fisura palatina) o adquiridas (traumatismos o consecuencias de distintos tipos de cirugía).

Disfonía. Se define como la alteración de una o más de las características acústicas de la voz, de forma que se pierde el normal timbre de la misma. En general está producida por una alteración de la vibración de las estructuras laríngeas. El trastorno puede ser transitorio o permanente. Su alteración máxima en todas sus características, es decir, su pérdida total, recibe el nombre de afonía. La producción simultánea de dos tonos recibe el nombre de diplofonía. Las disfonías se clasifican en funcionales y orgánicas. La disfonía debe diferenciarse de la rinolalia, que constituye la articulación en la que existe una resonancia nasal exagerada.

Disfemia. La disfemia constituye un trastorno de la fluidez del habla que se manifiesta por una interrupción del ritmo de la expresión verbal de forma más o menos brusca. Se manifiesta por repeticiones de sonidos, sílabas, palabras o frases, prolongaciones de sonidos, bloqueos o pausas inadecuadas en el seno del discurso. Estos hechos provocan una alteración del discurso, que se acompaña de otras manifestaciones que alteran la coordinación fono-respiratoria.

En el proceso normal del desarrollo del lenguaje, y entre los 2 y 5 años aproximadamente, aparecen frecuentes disfluencias, en especial en algunos niños. Este fenómeno constituye la disfluencia fisiológica. Esta dificultad va desapareciendo a lo largo de la primera infancia.

Retraso del lenguaje. Constituye la falta de desarrollo del lenguaje a la edad en que normalmente se presenta. Esta falta de desarrollo también conceptualiza la permanencia de patrones lingüísticos de niños de menor edad a la que realmente corresponde. Estos conceptos son básicamente empíricos, siendo variable la semiología y afectando a diversos niveles de la organización lingüística (fonológico, lexical, sintáctico y de discurso). Los trastornos evolutivos del desarrollo del lenguaje forman un continuum desde la dislalia y el retraso del habla en su aspecto más leve, hasta la afasia congénita en su aspecto más grave. En los casos habituales (retraso «simple»), el desfase cronológico del desarrollo se reduce progresivamente con el tiempo.

Disfasia. Representa el trastorno grave del desarrollo del lenguaje, existiendo habitualmente problemas de expresión y de comprensión. Se relaciona conceptualmente con la afasia congénita.

Dislexia. En un sentido amplio se trata del conjunto de trastornos que afectan el aprendizaje y desarrollo de la lectura y la escritura.

Afasia. Las afasias constituyen trastornos adquiridos del lenguaje debidos a lesión cerebral. Salvo excepciones, se presentan con alteraciones de la lectura y la escritura. Se distinguen distintos tipos clínicos según el predominio de las alteraciones en una u otra de las vertientes del lenguaje (expresión, comprensión, repetición y denominación). El ejemplo típico de los trastornos de la expresión con comprensión relativamente preservada lo constituye la afasia tipo Broca. En el polo opuesto, la afasia tipo Wernicke se caracteriza por trastornos graves de la comprensión, con preservación de los sistemas de producción verbal.

Afasia congénita. Se trata de la falta de aparición del lenguaje en niños que aparentemente no presentan manifestaciones de otros síndromes que podrían explicar su ausencia (sordera, autismo, oligofrenia, profunda, etc.). Puede afectar predominantemente a la expresión, a la comprensión o a ambas.

Afasia adquirida del niño. Constituye la alteración de las capacidades psicolingüísticas consecutivas a lesión cerebral adquirida en un niño que ha desarrollado cierta capacidad de lenguaje (se sitúa alrededor de los 2-3 años, hasta los 15 años, según diversos autores).

Sordera. Se trata de defectos en la audición que no especifican su origen periférico o central. Las sorderas son de transmisión o conducción cuando se afecta el oído medio (caja timpánica), y de percepción o neurosensoriales cuando existe una alteración de las neuronas o de las vías nerviosas.

Su aparición antes del desarrollo del lenguaje (sordera prelocutiva) tiene un impacto en el desarrollo del mismo, que depende del grado de pérdida auditiva.

Las sorderas adquiridas después de un primer proceso de aprendizaje del lenguaje (postlocutivas) tienen menos repercusiones sobre el desarrollo. Las sorderas adquiridas una vez desarrollado el lenguaje únicamente implican una deaferentización, que depende de su intensidad. En ambos casos aparecen trastornos psicológicos reactivos, aislamiento, etc.

Mutismo. Se trata de la desaparición del lenguaje desarrollado, sin que exista lesión cerebral ni causa orgánica aparente. Existen formas parciales (electivas) o formas totales. Las causas emocionales están en la base del trastorno.

Trastornos del lenguaje asociados a otras alteraciones. Los trastornos del lenguaje se pueden presentar aislados o en el contexto de otras alteraciones.

Los logopedas son diplomados sanitarios, tal como reconoce la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias L.O.P.S. (Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias), que desarrollan las actividades de prevención, evaluación y recuperación de los trastornos de la audición, la fonación y del lenguaje, mediante técnicas terapéuticas propias de su disciplina.


“Toda lengua es un templo, en el cual está encerrada, como en un relicario, el alma del que habla” (Oliver W. Holmes)