Hipersexualidad. Hay momentos en los que el sexo deja de ser un espacio de encuentro, placer o conexión, y empieza a vivirse como una urgencia. No porque haya más deseo, sino porque aparece una sensación interna difícil de explicar: la de no poder parar.
Cuando el comportamiento sexual se convierte en una necesidad que genera malestar, culpa o pérdida de control, algo importante está pidiendo atención.
Hablar de hipersexualidad no es hablar de moral, ni de exceso, ni de “falta de voluntad”. Es hablar de sufrimiento emocional.
Hipersexualidad: cuando el sexo deja de disfrutarse y empieza a doler
¿Qué es la hipersexualidad?
Como ocurre en otras adicciones comportamentales, la hipersexualidad se caracteriza por una pérdida de control sobre el comportamiento sexual, acompañada de dependencia psicológica y malestar cuando no se puede llevar a cabo la conducta.
La persona no busca placer de forma libre, sino alivio. El sexo pasa de ser algo elegido a convertirse en algo necesario.

¿Cómo se manifiesta la hipersexualidad?
Con el tiempo, suele aparecer una necesidad creciente de aumentar la frecuencia o intensidad de la conducta sexual. Esto puede expresarse de distintas formas:
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Incremento constante de fantasías sexuales intrusivas.
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Uso compulsivo de medios como Internet o pornografía.
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Conductas sexuales impulsivas, abiertas o poco discriminadas.
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Relaciones sexuales múltiples, breves y sin conexión emocional.
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Sensación de urgencia o ansiedad previa a la conducta.
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Culpa, vergüenza o vacío emocional tras el encuentro sexual.
Aunque desde fuera pueda interpretarse como deseo elevado, por dentro suele vivirse como una lucha interna agotadora.
Cuando el sexo deja de ser placentero
El punto clave no es la cantidad de actividad sexual, sino cómo se vive.
Cuando una conducta placentera empieza a sufrirse, cuando se experimenta como una obligación interna y no como una elección, y cuando se pierde el control hasta el punto de afectar a la vida personal, es una señal clara de alarma.
La hipersexualidad puede deteriorar de forma significativa:
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La relación de pareja y la intimidad afectiva.
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Los vínculos emocionales y sociales.
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La estabilidad laboral o económica.
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La relación con uno mismo, generando culpa y autojuicio.
En ese punto, pedir ayuda no es un fracaso, es un acto de cuidado.
Tratamiento psicológico de la hipersexualidad
El tratamiento psicológico no se centra en reprimir el deseo, sino en comprender qué función está cumpliendo la conducta sexual en la vida de la persona.
Trabajamos para:
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Recuperar la sensación de control y elección.
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Reconstruir una relación más sana con el propio cuerpo, el deseo y la intimidad.
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Reducir la culpa y la vergüenza asociadas al problema.
Cada proceso es individual y respetuoso, sin juicios y sin etiquetas innecesarias.
Contacto de psicólogas en Puerto de Sagunto
Si sientes que la hipersexualidad está afectando a tu bienestar, a tu relación de pareja o a tu vida diaria, en Alma Psicología podemos ayudarte.
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Preguntas frecuentes de hipersexualidad
Cuando el sexo deja de ser un espacio de disfrute y se convierte en una forma de huir del malestar, escuchar lo que está ocurriendo por dentro es el primer paso hacia el alivio.

